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A pesar de las circunstancias de la vida volvimos a escuchar a Sonia Yasmina en otras de las presentaciones magistrales. Desde el comienzo me volvió a impresionar su voz dulce y cadenciosa, pero más que nada elegancia en la ejecución de huaynos clásicos como “Amor Herido” o de otros menos conocidos como “Porque soy pobre”. Ha entrado derechito al altar de cantantes cuzqueñas favoritas junto a Calandria del Sur y Rosita del Cuzco. Pero había algunos que decían que Sonia desde aquellos años de su llegada de la cálida Quillabamba había podido tener mejor suerte. Ahora ya no importa, seguiremos escuchando su estilo precursor en varios lustros de cantantes más recientes como Nancy Manchego o Roxanita Gutiérrez. Varios repiten que es una gran cantante, pero que la cervecita licor amargo estaba acabando con ella, es un mito que le ha acompañado por años. Y en donde por fin uno puede ver en la imagen de sus cantantes y músicos queridos, es en el agradecimiento no solo con el aplauso sincero, sino cuando más necesitan y Sonia Yasmina Almaraz Ibarra, ahora necesita de aquellas autoridades, no con medallas, trofeos o diplomas es con una pensión digna que tanto la comuna central o la Dirección de Cultura debían aprobar de una vez por todas. No dejemos que nuestros artistas mueran en la indigencia simplemente por desidia.