Compartir

Dramáticas escenas de dolor protagonizó doña Virginia Meza Ccasa en las riberas del río Vilcanota un día después de la desaparición de su hijo Darío Martiarena Meza (19) cuando intentaba rescatar a su mascota.
Desde muy temprano la mujer y familiares caminaron por los rieles, paralelos al río, recorrieron algunas playas para saber si la cuenca los expulsaba, ya que la mañana del martes Darío había sido tragado por un remolino que está a la altura de su comunidad Parroccan.
Todo era inútil pues del joven ya no hay ni rastro, menos su ropa gris que aquel día llevaba. A esa angustia se sumaron rescatistas de la Unidad de Emergencia y de Salvamento de Alta Montaña que sí ingresaron a las turbulentas aguas incluso fueron río abajo.
La policía confirmaba que era un lugar peligros por el remanso que hay en lugar y a la vez contaminante por una tubería de un desagüe que acaba en el río, además la zona rocosa que está a unos metros, aun así estos ingresaron y no encontraron por el momento nada.
El dolor de la madre era acompañado por vecinos y comuneros del lugar, cada uno de ellos destacaba la personalidad del muchacho su espíritu de emprendimiento y el gran soporte que era su madre, que pese a sus carencias sacaba adelante a su único hijo, al que tuvo con un ex Policía Nacional del Perú.
Durante la mañana los agentes con apoyo de los pobladores recorrieron las orillas del caudaloso río, buscaron algunos recodos, pero sin resultados positivos, las cuadrillas se desplegaron por algunas zonas sin fortuna, de Darío no había nada, y muchos lloraban su desaparición.
Darío dio su vida por sus mascotas, que no solo eran uno, sino dos de nombres “Shasha” y “Chocolate” los que salvaron al cruzar el río al frente del lugar conocido como remolino.
“Por aquí ha corrido, le grité hijo no vas a entrar, no vas a entrar y el río lo ha llevado al rincón, yo lo he visto nadando, pero al llegar al remolino ha desaparecido. Pensaba que iba a salir al molle, en mi vista a desaparecido”, expresaba llorosa.
“Que me ayuden por favor, es mi único hijo, estaba estudiando, yo trabajo para mi hijo. Día y noche voy a andar buscando a mi hijo, hasta encontrarlo, si quiera su ropita”, agregaba en alusión a la Policía Nacional a que no desistan hasta encontrarlo.
Virginia pasa los días sin tomar desayuno y menos come, el dolor que atraviesa es indescriptible, ella quiso entrar también al río, pero algo la contuvo, quizás las fuerzas para buscarlo.